Rutas escolares seguras: una oportunidad

Lambda Montero Vidal, Ingeniera Civil, Universidad de La Frontera

Pablo Muñoz Grandón, estudiante Ingeniería Civil, Universidad de Concepción

Los niños, niñas y adolescentes son usuarios vulnerables de nuestras ciudades y viajan principalmente con propósitos de estudios en diversos modos de transporte disponibles en las diversas ciudades de Chile. ¿En qué modo viajan? ¿El viaje lo realizan acompañados o de manera autónoma? ¿Son seguros los trayectos? No son preguntas triviales, ya que tienen efectos en su salud, desarrollo personal y en el medioambiente. La Ley General de Educación establece la importancia de que niños, niñas y adolescentes reconozcan la importancia de la problemática ambiental global y que desarrollen actitudes favorables a la conservación del entorno natural. Desde el punto de vista de los viajes que realizan este punto se puede abarcar desde la movilidad sustentable. El CEDEUS establece que una de las medidas efectivas para promover una movilidad sustentable, es priorizar los modos de transporte que exigen una carga ambiental, social y espacial menor para la ciudad, en términos de planificación, inversión e implementación de políticas que los favorezcan. Es en ese aspecto, que la caminata y el uso de la bicicleta tienen un rol fundamental en definir las ciudades que queremos en los próximos 25 años

A pesar de que la Ley General de Educación N°20.370 establece la importancia de que niños, niñas y adolescentes generen hábitos de vida activa y saludable, la realidad de Chile es que se está viviendo una “epidemia nacional” de obesidad, que ya desde 2012 era denominado así por el Dr. Eduardo Atalah. Según el Mapa Nutricional 2020 el 43% de los alumnos de los establecimientos educacionales de Chile financiados por el Estado presentan obesidad o sobrepeso, de los cuales un 8% presenta obesidad severa. Así mismo, en 2019 se registró que un 60% de la población entre 13 y 17 años es inactiva físicamente. Por otro lado, realizar actividad física en la infancia y adolescencia aumenta la probabilidad de continuar haciéndolo durante la edad adulta (Laurencelle et al., 2004). Además, es importante recordar que hasta cantidades modestas de actividad física pueden traer grandes beneficios para la salud en jóvenes con obesidad o problemas de presión arterial alta (Janssen y LeBlanc, 2010). Así es que promover la actividad física y formas de transporte activo es vital en las etapas de la infancia ya que es más probable mantener patrones de vida saludables en el futuro (De Cardon et al., 2014).

Son variados los beneficios de la movilidad activa, sin embargo, estudios en Canadá, Estados Unidos, Australia y países europeos han mostrado disminuciones en el transporte activo y entre las razones se encuentran las decisiones familiares (Barranco et al., 2018). En un estudio realizado por Cardon et al. (2014) se analizó como influía en la movilidad independiente de los niños la percepción de los padres de su barrio, concluyendo que si existe una relación la cual afecta en mayor medida a las niñas. Además, se consideran vecindarios altamente transitables aquellos con una mayor conectividad en las calles, densidad de viviendas, accesibilidad al destino, seguridad y estética del paisaje. Aquellos niños que residen en vecindarios altamente transitables tienen más probabilidades de que se les permita movilidad independiente, así como de realizar viajes activos, mayor actividad física y tener un tamaño corporal saludable (Asiasiga et al., 2016).

Inherentemente, los viajes de los niños, niñas y adolescentes no están exentos de siniestros de tránsito. Según el informe de Niños del año 2019, desarrollado por la CONASET, 6.144 niños y niñas entre 0 y 14 años participaron de siniestros de tránsito a lo largo de todo el país, e incluso hay que lamentar 54 fallecimientos. De los siniestros de tránsito que tienen participación niños y niñas, el 15% se producen en el horario entre las 06:00 y 09:00 am, claramente esta cifra se ve influenciada por la necesidad de viajar a su establecimiento educacional, por tanto, es posible percibir que existe un problema de seguridad en los viajes de niños, niñas y adolescentes desde el hogar hacia su establecimiento educacional.

En este contexto, al repasar los antecedentes expuestos en los párrafos anteriores, surge la siguiente pregunta: ¿Qué se está realizando a nivel escolar para fomentar los modos de transporte activo y seguros en Chile? Aquí es donde aparece el concepto de “ruta escolar segura” que según Children´s Active Transportation consiste en fomentar los viajes en modos activos (caminata y bicicleta) desde y hacia la escuela, volviéndolos más seguros. Esta idea ha tenido algunas implementaciones como lo son el programa “Al colegio en bici” en Bogotá, que consta de tres fases: inducción teórica-practica donde los niños conocen a su grupo, el manejo de la bicicleta y las medidas de seguridad, luego los niños se vinculan con la “ruta segura” junto a guías y finalmente realizan actividades no ligadas al establecimiento educativo con el fin de consolidar el sentido de identidad grupal; logrando una vinculación de la comunidad educativa y de los barrios cercanos en la seguridad de los niños e interés de estos por moverse en bicicleta. Otro caso es el de la escuela primaria Rafaela en Argentina, donde se realizaron mejoras en las demarcaciones y señales verticales, así como trabajo con los apoderados y se incorporaron tutores de ayuda y guía en el camino de los niños, logrando que en cuatro meses el 20% de las familias cambiaran sus hábitos de movilidad. En Chile esta idea se llevó a cabo en el colegio Santa María, en Peñalolén, implementando señalización vertical, reducción de velocidad, consiguiendo sensibilizar a la comunidad educativa y conformar el Club Ruta Segura, donde los niños informan del estado de la ruta y así participan de forma activa en el desarrollo del proyecto generando compromiso con su entorno.

Considerando que se ha encontrado que adolescentes que suelen ir de forma activa al colegio realizan más actividad física, en tanto que quienes lo hacen de forma pasiva suelen viajar de esta manera también con otros propósitos (Duncan et al., 2017), resulta valiosa la promoción de viajes diarios en modos activos desde la niñez. Así, en la búsqueda de mayor seguridad en la movilidad y que esta sea sostenible, generar hábitos de transporte conciencia de rol ciudadano, de comunidad y conciencia ambiental, es la clave para un cambio social donde el peatón y el ciclista sean los protagonistas. Para lograr esto, también es primordial el desarrollo de barrios enfocados en el desarrollo de los modos activos, con señalización vertical y velocidad adecuadas que den un entorno seguro a los niños, niñas y sus tutores. Es por ello que el establecer programas de rutas escolares seguras genera una oportunidad de desarrollo en nuestros niños, niñas y adolescentes y sobre todo en nuestras ciudades.

Referencias

Asiasiga, L., Carroll, P., Egli, V., Garrett, N., Kyttä, M., Lin, J., Kearns, R., Mackay, L., Mackett, R., Mavoa, S., McPhee, J., Moewaka Barnes, H., Oliver, M., Ikeda, E., Prendergast, K., Witten, K. y Zinn C. (2016). “Neighbourhoods for Active Kids: study protocol for a cross-sectional examination of neighbourhood features and children’s physical activity, active travel, independent mobility and body size”. BMJ Open. 6. 10.1136/bmjopen-2016-013377.

Atalah, E. (2012). “Epidemiología de la obesidad en Chile”. Revista Médica Clínica Las Condes. 23: 117-123. https://doi.org/10.1016/S0716-8640(12)70287-0

CONASET (2019). “Informe de Niños 2019” Obtenido de https://www.conaset.cl/wp-content/uploads/2020/09/Ni%C3%B1os-20191.pdf

CEDEUS. (2018). Camino A Ciudades Sustentables. Santiago: CEDEUS. Obtenido de https://www.cedeus.cl/wp-content/uploads/2018/08/DT_DEF_CEDEUS.pdf

De Bourdeaudhuij, I.; De Meester, F., Cardon, G. y Van Dyck, D. (2014). “Parental perceived neighborhood attributes: associations with active transport and physical activity among 10–12 year old children and the mediating role of independent mobility”. BMC Public Health.

Duncan, S., Stewart, T., y Schipperijn, J. (2017). “Adolescents who engage in active school transport are also more active in other contexts: A space-time investigation”. Health & Place. 43:25-32. https://doi.org/10.1016/j.healthplace.2016.11.009

Janssen, I. y Leblanc, A. (2010). “Systematic Review of the Health Benefits of Physical Activity and Fitness in School-Aged Children and Youth”. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity. 7. 10.1201/b18227-14

 Laurencelle, L., Shepard, R. y Trudeau, F. (2004). “Tracking of Physical Activity from Childhood to Adulthood”. Medicine & Science in Sports & Exercise. 36: 1937-1943. 10.1249/01.MSS.0000145525.29140.3B

Ley General de Educación N° 20.370. Texto refundido, coordinado y sistematizado de la ley, con las normas no derogadas del decreto con fuerza de ley nº 1, de 2005 Recuperado el 20 diciembre de 2014, de http://bcn.cl/1lz6u

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