Boletín 17, octubre 2012

EDITORIAL

Si bien expresar un juicio acerca de una política pública está bien, mejor sería si junto con la opinión se proporcionaran los antecedentes técnicos que fundamentan dicho discurso o juicio, particularmente si quien emite la opinión tiene un rol social más allá que el de simple ciudadano. Basar la opinión en la experiencia de vida o creencias sólo quitaría sustento al juicio. En este sentido, ahora le ha tocado el turno discursivo a los test de alcohol realizados en el marco de la ley 20.580. Es de esperar que la farándula respecto a este tema permanezca no más allá que unos partidos de fútbol o espectáculos televisivos.

Alejandro Tudela
Editor

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