E-movilidad. Otro avance tecnológico que nos puede dejar mal parados

La nueva (vieja) ola es la electro-movilidad. Aunque modos de transporte que usan electricidad han existido desde hace un buen tiempo (trenes, tranvías y trolebuses), el avance en los sistemas de almacenamiento ha derivado en la aparición de buses, autos, bicicletas, patinetas, monopatines y otros cuya fuente de energía es la electricidad.

Favorecer la electro-movilidad se ha transformado en una suerte de mantra dado su eventual impacto positivo en el ambiente, pero si la fuente final de la energía es una central térmica operada con un combustible fósil, estamos trasladando el problema del lugar de aplicación de la energía al sitio de generación. El mayor bienestar en las ciudades se transforma en una degradación de la calidad de vida de quienes viven donde operan las centrales. Por lo tanto, un cambio en la matriz de producción energética es necesario si queremos que una mayor electro-movilidad tenga un impacto real positivo; a diciembre del 2017, el 54% de la energía producida en Chile provenía del carbón, derivados del petróleo o gas natural, es decir, estamos lejos de un sistema energético ambientalmente sostenible.

Por otra parte, si la mayor electro-movilidad se traduce en un mayor uso del transporte masivo, todo parecería bien, pero si lo que sucede es que el uso del e-automóvil aumenta, dado que luciría ambientalmente más atractivo, reforzando además algunas dimensiones afectivas de sus usuarios, entonces vamos en la dirección incorrecta. Un auto, independiente de su fuente de energía y modelo de negocio asociado, es poco eficiente en el uso del espacio urbano. Todos recordamos aquellas fotografías en condición estática, donde aparecen 60 personas, en un bus, en bicicleta y en automóvil, quedando de manifiesto lo poco recomendable del uso del automóvil en áreas urbanas.

Respecto de los modos eléctricos que están reemplazando a aquellos más tradicionales (y saludables), como la caminata y bicicleta, la evidencia internacional muestra que hay impactos no deseados en la ocurrencia de accidentes. En el caso de los e-scooters que circulan por las veredas en Chile, éstos han aumentado la varianza en la velocidad de circulación, aumentando con ello la probabilidad de ocurrencia de accidentes para estos nuevos conductores y para los que se desplazan a menor velocidad: niños y adultos mayores. Aquellos que aún caminan, revisen su experiencia reciente cuando se encuentran con estos nuevos vehículos y chóferes compartiendo el mismo espacio público.

Para el caso de bicicletas y e-bikes, los estudios muestran que cuando estos modos comparten la vialidad dedicada, la probabilidad de choque por alcance aumenta, lo que se asocia con la mayor velocidad de las bicicletas eléctricas versus las convencionales [1].

En el caso de vehículos individuales con una o dos ruedas (como aquellos que se están usando en aeropuertos y centro comerciales), la evidencia vía simulación muestra que el peso de estos vehículos, así como la velocidad de impacto con un vehículo mayor, puede tener efectos negativos sobre estos nuevos conductores, similares a los que sufre un peatón. Duplicar la velocidad del impacto puede incrementar hasta en 10 veces los daños a la cabeza del conductor más frágil [2].

Estudios en el comportamiento de niños y adolescentes en áreas urbanas, analizando conductas de riesgo, arrojan que aquellos niños que usan e-modos están más propensos a cruzar con luz roja o no verificar el tránsito vehicular antes de cruzar una vía, cuando se les compara con aquellos que usan modos activos, conductas que se ven reforzadas si se agrega el uso de un dispositivo móvil de comunicación [3].

Las indicaciones en aquellos contextos donde se ha abordado el impacto de los modos eléctricos individuales es revisar el diseño de la vialidad dedicada, el diseño de los vehículos y su impacto en la cinemática y dinámica ante un evento, y entrenar/educar a estos nuevos usuarios, ya que son conductores de vehículos motorizados.

No nos vaya a pasar, como sucedió con las plataformas abiertas para el transporte de pasajeros, que terminemos siendo reactivos ante un problema ya identificado en otras realidades.

Referencias

[1] Bai, L. et al (2017) Identifying factors affecting the safety of midblock bicycle lanes considering mixed 2-wheeled traffic flow. Traffic Injury Prevention, 18, 761-766.

[2] Xu, J. et al (2016) Are electric self-balancing scooters safe in vehicle crash accidents? Accident Analysis and Prevention, 87, 102–116.

[3] Gitelman, V. et al (2019) Exploring patterns of child pedestrian behaviors at urban intersections. Accident Analysis and Prevention, 122, 36–47.

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