Discurso inauguración XV Congreso Chileno de Ingeniería de Transporte, Presidente SOCHITRAN, octubre 2011

Señor Ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Señora Subsecretaria de Transportes, Señor Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Diego Portales, estimados colegas y Socios de SOCHITRAN, queridos y admirados estudiantes.

Comenzamos hoy una nueva versión de nuestro Congreso, la décimo quinta, instancia que nos reúne cada dos años para conocer y discutir el estado del arte y de la práctica en ingeniería de transporte y los avances metodológicos más recientes; que nos permite conocer proyectos innovadores y conversar acerca de los desafíos de política pública relativos al Sector.

Los ya muchos años que tiene nuestro Congreso, y los casi treinta de nuestra querida SOCHITRAN, son una muestra concreta que nuestro país está en la vanguardia de la Ingeniería de Transporte mundial.  Chile cuenta con un cuerpo académico que compite en creación de conocimiento, sin problema alguno, con los más reputados centros docentes y de investigación del mundo.  Importantes avances en modelación y cuantificación de demanda por transporte, en modelación de redes, en la comprensión del comportamiento de los usuarios, en el diseño y operación de sistemas de transporte público, privado y productivo, por mencionar sólo algunas áreas, han surgido de universidades chilenas.  Dos de los más importantes libros docentes del área -Modelling Transport y  Transport Economic Theory– han sido escritos por autores chilenos.  Recientemente, nuestro colega  Juan de Dios Ortúzar recibió el premio Humboldt en Alemania por su prolífico e influyente trabajo de investigación.

Chile tiene, además, excelentes profesionales, que conocen a cabalidad las últimas metodologías y dominan las herramientas de diseño y planificación. Estos ingenieros formados en Chile, aquellos que viven el Sector Transporte a diario, son no sólo ejecutores sino también promotores de avances en las mejores prácticas.  A riesgo de ser injusto con tantos, voy a mencionar como ejemplo el gran impacto que tuvo el trabajo de Antonio Gschwender, Carolina Palma y Pablo Beltrán “The impact of compliance measures on the operation of a bus system: the case of Transantiago” en la reciente conferencia Thredbo en Sudáfrica.

Como se puede ver entonces, pareciera que Chile tiene una situación privilegiada en cuanto a recurso humano, conocimiento y base docente instalada.  Sin embargo, uno tiene la impresión  que el Sector no anda del todo bien, o al menos todo lo que bien que sería esperable dados los antecedentes antes mencionados. Esto es particularmente claro en lo que se refiere a transporte urbano, y es un fenómeno que -quiero ser claro-  ocurre desde hace años.  Al menos desde que tengo uso de razón en cuanto a Ingeniería de Transporte se refiere.

La pregunta relevante entonces es ¿qué explica esta aparente contradicción? Permítanme motivar la que yo creo es la respuesta con un ejemplo: Alguna vez conversábamos con un taxista acerca de lo cómodo que resulta moverse en bicicleta: es rápido, barato, no contamina ni emite ruidos y, además, afirma las carnes.  Sin embargo, conversábamos también de lo complicado que resulta a veces tener que estacionar la  bicicleta, o lo deseable que sería usarla en ciertos momentos del día pero en otros  no, cuando podría ser mejor usar alguna forma de transporte público (por ejemplo, no es fácil ir a visitar a Rodrigo Fernández a la Universidad de los Andes en bicicleta!).  Esta conversación estaba motivada por cierto por el hecho  que yo había puesto mi bicicleta plegable en la maleta del taxi, lo que permite de manera muy elegante -en mi interesada opinión- usar soluciones multimodales.  El taxista me decía que otra buena solución eran las bicicletas públicas, como las que tiene la Comuna de Providencia.  Yo le conté entonces que en Paris y Ottawa existía un sistema similar, pero que éste cubría toda la ciudad, y que las bicicletas se sacaban y devolvían con un sistema electrónico.  Su respuesta fue “claro pero, y acá, para tener un sistema en todo Santiago, ¿Quién pone de acuerdo a todos los alcaldes? ¿Ah? Allá lo deben haber logrado porque son más civilizados”…Interesante pregunta, por cierto.  ¿Cómo se hace para echar adelante algo de ese tamaño en Santiago? ¿Cómo ponemos de acuerdo a todos los agentes? Hay otros ejemplos ciertamente, como la tarificación por congestión en el área conocida como Sanhattan;  o casos en que un agente actúa y luego otro debe actuar a contrapelo. Considere el caso de una institución tratando de lograr la mitigación de futuros problemas de congestión porque otra autorizó un proyecto inmobiliario sin tomar en cuenta los efectos en el resto de la ciudad…

Ejemplos de este tipo abundan, lamentablemente.  Y éstos desnudan el que, en mi opinión, es nuestro problema más apremiante, aquel que, de ser resuelto, permitiría mejorar de manera importante la situación: la Institucionalidad del Sector Transporte.  ¡Nuestra institucionalidad es la misma desde hace casi cuatro décadas!  No ha sufrido cambio alguno, esencialmente desde que el Ministerio fue creado en 1974. Tristán Gálvez, uno de los fundadores de la Sociedad, ejemplifica bien lo extraño de nuestra forma de organización diciendo que tal vez haría más sentido tener un Ministerio de Transporte y Urbanismo… así es que habría luego que crear el Ministerio de Vivienda y Telecomunicaciones.

Existen varias conjeturas sabrosas acerca de porque llegó a existir el MTT en esa forma y con las atribuciones que tiene -hay una muy interesante acerca de que el problema sería que el número de ministerios debía ser divisible por  cuatro- pero el hecho concreto es que no tenemos una estructura organizacional del Sector que sea moderna y que asigne atribuciones y responsabilidades de manera razonable.  Fluye, por lo tanto, que el estudio, planificación, ejecución y operación de proyectos de transporte no pueden ser óptimos, independientemente de los conocimientos de las metodologías y la ingeniería que tengan los profesionales involucrados.  Ahora, este problema ha sido reconocido por variadas autoridades en el pasado. En particular, lo hemos conversado en más de una ocasión con la Subsecretaría y Socia, Gloria Hutt, tanto en su cargo actual como cuando integramos la comisión asesora (pro bono) que creó el ex Ministro Cortázar.

¿Cuál es la solución?  Bueno, enunciarla es sencillo: reorganizar; mover atribuciones de diferentes agencias e instituciones de manera tal que lo que resulte permita influir mejor y más rápidamente en los sistemas de transporte.  Un proxy por cierto, son las comisiones interministeriales; pero esto es sólo una aproximación a la solución.

Implementar la solución, sin embargo, es muchísimo más complejo porque se trata de reducir ciertas esferas de poder e influencia, para moverlas para otra parte.  Por ejemplo, algunas veces explico el problema de la institucionalidad respecto del transporte urbano diciendo que los autos tienen un ministerio rico, poderoso y muscular (el MOP), mientras que el transporte público tiene un Ministerio mucho más franciscano.  ¿Resultará sencillo mover atribuciones de un lado para otro? Posiblemente no y por eso mismo se evita, como lo muestra otro ejemplo, el de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMT), idea casi onírica a estas alturas de una institución que pueda influir en la ciudad y sus sistemas de transporte de manera global.  Para que esta Autoridad exista y sea relevante, debería concentrar atribuciones del MOP, del MINVU y del MTT a lo menos… Sin embargo, la propuesta de Ley de Autoridad Metropolitana de Transporte presentada  hace unos pocos años atrás consistió simplemente en una reorganización de responsabilidades que el MTT ya tenía, lo que podría ser útil, pero que no atacaba el problema de fondo.

El caso del proyecto de ley de la AMT, al igual que lo enunciado por el taxista acerca de las bicicletas públicas, es sintomático de lo difícil que es el problema.  Pero por muy difícil que éste sea, no podemos dejar de aspirar a solucionarlo. Para nosotros, como ingenieros de transporte, es fundamental que la institucionalidad permita llevar a la práctica lo que sabemos.  Y quiero ir más allá: nosotros conocemos las fases de los proyectos, sabemos qué agentes del Estado se encargan de qué cosas en cada momento; sabemos qué atribuciones se requieren para ejecutar y operar los proyectos.  Creo que todo este conocimiento debe ser un insumo para una futura propuesta de reorganización Institucional del Sector; creo que puede ayudar a generar soluciones creativas y prácticas.  Mi llamado es a que nos hagamos cargo y le propongamos al Estado algo razonable. Por cierto habrá restricciones -quizás económicas, quizás políticas- que nosotros conocemos menos; pero debemos y podemos usar lo que sabemos de ingeniería para mejorar y modernizar el Estado en lo relativo a nuestro Sector.

Quisiera cerrar refiriéndome a un futuro posible y mejor, uno que muestre  que tuvimos éxito, con una Institucionalidad más razonable y que nos permite influir mejor y más rápida y poderosamente en los sistemas de transporte.  Hay una frase muy iluminadora de Ben Parker que dice “con grandes poderes, vienen grandes responsabilidades”.  Yo creo que eso es cierto y sostengo que muchas de estas responsabilidades -que ya existen pero que se acrecentarán en un nuevo diseño institucional- son con los usuarios y la información que se les entrega.  Los usuarios no sólo deben enterarse de los proyectos que se realizarán; deben ser consultados.  En Vancouver, mi segunda ciudad, cuando se trataba de mejorar fuertemente el sistema de transporte público, había tres grandes ideas compitiendo: un sistema de buses con prioridades sencillas, bus rapid transit y fuerte inversión en metro.  Durante meses las personas recibieron información acerca de costos, beneficios, plazos externalidades de los procesos constructivos, etc.  Todo disponible en papel y electrónicamente, para ser revisado por quien tuviese interés.  Hubo procesos de consultas, discusiones, cabildos.  El resultado de todo esto, más allá de las opciones finalmente escogidas, es que la gente siente que la ciudad y su entorno les pertenecen y que ellos son parte integrante, no pasiva, de las decisiones.  Ojalá en el futuro las cosas sean así en Chile también.

(¡Ah! ¿Quién es Ben Parker? Es el tío de Peter Parker… el hombre araña).

Muchas gracias.

Leonardo J. Basso S.
Presidente Sociedad Chilena de Ingeniería de Transporte

    Agregar un comentario