por Clemente Pérez, Director en Sustentable S.A.
Nos encontramos próximos a la inauguración del Teleférico Bicentenario. Se trata del primer medio de transporte público aéreo, eléctrico, no contaminante, seguro y de tiempos predecibles. Además, se trata de una obra pública, de todos los chilenos, que ha sido financiada y ejecutada por privados, gracias al sistema de concesiones.
Y se trata de una iniciativa privada, esto es, se origina por la presentación de una idea y el desarrollo de los estudios, por parte de una empresa privada.
Este proyecto tardó más de 15 años desde su presentación hasta su materialización. De hecho, se llama Teleférico Bicentenario porque se presentó para el Bicentenario de nuestra independencia. Se creía, ilusamente, que se podría iniciar la licitación del proyecto ese año 2010.
Como parte de Nueva Vía Consultores, la empresa que presentó la iniciativa privada, siempre nos llamó la atención lo difícil que resultó sacar adelante un proyecto como este, de claros beneficios y sin subsidios (más allá el Ingreso Mínimo Garantizado, que es una especie de seguro de tráfico que ofreció el MOP en la licitación, y que esperamos que no se gatille, pues eso querría decir que la demanda habría sido bastante menor de la esperada).
De todos modos, por cierto, que sería una buena noticia que este proyecto, el primer medio de transporte público concesionado, tuviera algún mecanismo de integración tarifaria, a fin de que este medio de transporte pueda servir a más trabajadores y estudiantes que recorren el trayecto entre Huechuraba y Providencia cada día.
Otro de los beneficios que observamos es que el MOP ya conoce la tecnología y con esto se abre la puerta a muchos otros teleféricos en el país. De hecho, en el plan de concesiones del MOP viene uno entre Alto Hospicio e Iquique (también presentado por Nueva Vía Consultores), otro en Talcahuano y otro en Puerto Montt. Muchos otros proyectos están siendo estudiados. No es una fórmula mágica, obviamente. Se necesitan altos flujos de tráfico si queremos que estos proyectos sean financiados total o mayoritariamente por los usuarios. Eso deja de lado, obviamente, muchos “pet projects” de alcaldes y gobernadores, de construir teleféricos a miradores, cruces y otros atractivos turísticos.
Con esta nueva tecnología, se confirma que, al analizar soluciones de transporte, se deben considerar las mejores opciones disponibles, sin sesgos ideológicos. Por años se enfrentaron en este foro los “metristas” contra los “busistas”. Espero que ahora no haya “teleferistas”. Cada medio de transporte tiene sus ventajas. El Metro para grandes flujos, los buses para flujos más moderados, y los teleféricos, tienen ventajas competitivas cuando se trata de unir puntos separados por accidentes geográficos, como pueden ser cordones montañosos.
En suma, el Teleférico Bicentenario trae buenas noticias y ha tenido una positiva acogida en la opinión pública (lo que uno ve en las redes sociales). Ojalá eso se traduzca en una ciudad más integrada y en una buena experiencia que pueda ser exportada a otras ciudades, Podría constituir una buena opción de transporte público para nuestra accidentada geografía.